Cómo afecta el ambiente familiar en la autoestima de los hijos

Por autoestima entendemos la autovaloración, ya sea positiva o negativa, cuya base se asienta en el concepto de si mismo, ya que ninguna definición personal puede ser neutra, sino que implica una autovaloración cuyo punto de partida se encuentra en el juicio de los otros, específicamente de los que nos parecen significativos, y ¿quién más significativos para un niño que sus padres?

Considerando aquella premisa, la forma de cómo actuamos como padres impacta en la construcción y evolución de la autoestima de nuestros hijos al generar un clima familiar particular, el cual puede ser definido como nutritivo o tóxico. Vivir en un clima nutritivo permite que el niño reciba respeto, desarrolle confianza en si mismo y se sienta perteneciente a su grupo familiar, mientras que, un clima inhóspito genera una constante sensación de amenaza, de estar en conflicto y de tener miedo a las personas que tienen autoridad.

Y, ¿Cómo generar un ambiente familiar que cumpla con las características de un clima nutritivo?

Que los niños se sientan amados incondicionalmente por lo que son, y no por cómo se comportan. Es decir, independiente a que el niño se equivoque o fracase, los padres debemos mantener una postura de acogida, contención y mirada educativa frente lo sucedido. Esto no significa que la casa carezca de límites y normas, al contrario, pero cuando estas son pasadas a llevar, la forma de educar se basa en el buen trato, consistencia, coherencia y contingencia.

Consistencia: para determinados hechos, la consecuencia es la misma. Si rompo un florero hoy, la consecuencia para otro hijo, en un mes más, es la misma. Esto genera que los niños perciban un clima de justicia donde existe un trato igualitario, tanto en las exigencias como en las expresiones de afecto.

Coherencia: si hoy las cosas son así, en dos meses más son iguales. Como, por ejemplo, si le enseño a mi hijo que no se miente, cuando llamen por teléfono del banco, no le debo indicar “diles que no estoy”.

Contingencia: si pasa algo ahora, se debe conversar ahora mismo, no la próxima semana. Los niños viven al día, al momento. Frente un determinado acto, sigue el mensaje, porque si no, se restringe el aprendizaje.

Estas tres “C” facilitan en el conocimiento de las normas y consecuencia de su transgresión, ya que permiten que las normas sean claras y le permiten al niño saber que está en un contexto predecible y contenedor. Además, aporta en la alfabetización emocional, ya que, al entender el sentido de las reglas, comprende la causalidad emocional. Debemos tener presente que las normas están diseñadas para favorecer la convivencia, y por lo tanto, tienen que adaptarse a los cambios, y para esto deben ser flexibles.

Existe un reconocimiento explícito de los logros, los padres se hacen expertos en reconocer las habilidades de cada uno de sus hijos, de lo que van aprendiendo y logrando hacer. Este reconocimiento se explicita desde la propia felicidad del padre, y no desde la exigencia. Dado que la mirada esta puesta en identificar habilidades, los errores son percibidos como parte del aprendizaje y se visibiliza más bien lo logrado por sobre lo que falta. Esta valoración positiva permite que los niños se sientan aceptados por su familia, que se sientan parte de ella y seguros, estableciendo así, un “colchón emocional” que facilita el sentirse en paz consigo mismo.

Por otra parte, hay un acceso y disponibilidad de la información relevante, es decir, los niños por pequeños que sean tienen derecho a la verdad. Sentir que se les oculta o distorsiona la información crea inseguridad y hasta pueden sentirse desvalorizados, aunque aquello no sea la intención de los padres. Debemos evitar sobreprotegerlos para favorecer su crecimiento personal, ya que al entregarles autonomía y oportunidades somos, sin duda, las personas que más podemos alentar a nuestros hijos a desarrollar sus potenciales y atreverse a descubrir nuevos mundos. En la misma línea, debemos permitir el enfrentamiento constructivo de conflictos, dado que los conflictos forman parte de la vida en sociedad; evitarlos y reprimirlos solos deja al niño sin posibilidad de aprendizaje de una resolución constructiva de ellos.

Lo anteriormente planteado, se sustenta sobre el respeto a la dignidad, individualidad y diferencias de cada integrante de la familia, es decir, cada individuo puede arriesgarse a mostrarse tal como es y expresar sus sentimientos, sin existir una sensación de que siempre lo están intentando cambiar, de una u otra forma. No hay espacio para la burla, ridiculizaciones o comparaciones con otros, ni tampoco castigos por expresar sus pensamientos o/y emociones. Al contrario, por medio de las expresiones verbales y gestos los padres debemos comunicarlas como y cuanto los queremos, y que son lo más importante de nuestras vidas.

¡Ayudemos a nuestros hijos a que se sientan cómodos en sus trajes, y sean felices de quien son!

Anita Ovalle M.

Psicóloga y Supervisora Clínica

contacto@anitaovalle.cl

www.anitaovalle.cl

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