Columna: La Superhéroe

Todas hemos fantaseado alguna vez con tener superpoderes. Poder de teletransportarnos, hacernos invisibles, correr a la velocidad de flash, o volar como superman. Lo cierto es que no estamos lejos de padecer del síndrome de creernos superheroes sin serlo. Basta con que analicemos el verdadero trasfondo detrás de la persona bajo perfil, perna y estresada que descubre que poniéndose la capa se transforma en un ser superpoderoso que vuela y derrota sin esfuerzo a cuanto enemigo se le aparece.

A mi juicio, el arquetipo del superheroe es respuesta a la ilusión de poder completarnos. Tener a la mano la herramienta de cambiar la forma de ser poniéndonos algo externo. Pensemos en Superman. Clar Kent es un hombre tímido, aburrido, ninguneado por su jefe; pero se pone el traje y la capa de Superman y es un hombre con supervisión que vuela y supera a cualquier adversario.

Y se preguntarán, que tiene esto que ver conmigo? Nosotros no tenemos ni traje, ni capa, ni superpoderes. Pues les digo que se equivocan. Actualmente las mujeres asumimos un conjunto de actitudes según el lugar, que tienen que ver con ser inteligentes, trabajadoras, atractivas, productivas, maternales, alegres, dispuestas, asertivas, coquetas, femeninas, educadas, corajudas, desenrrolladas, flacas, sensuales, etcétera, etcétera.

Y bien, nos sentimos obligadas a mostrarnos con muchas de esas formas. Pero muchas veces, me atrevo a decir que esa imagen que proyectamos no es real. Por que si en verdad nos preguntamos cómo nos sentimos? Tendemos a responder cosas como: angustiada, incapaz, fea, gorda, agotada, cansada, incomprendida, insuficientes.

Cuando miro esta dicotomía, no me queda otra que pensar que somos unas superhéroes contemporaneas. Hemos desarrollado una capacidad asombrosa de convertirnos, transformarnos o adecuarnos en una persona que no somos para cumplir un rol impuesto de afuera. Nos pidieron que fueramos lindas, inteligentes  capaces, y ese es el rol que tratamos de cumplir. No desafiamos las convenciones sociales, sino que nos limitamos a cumplirlas.

¿Donde está entonces el problema?

El problema es que es una careta, una faceta que no nos identifica. Queremos parecer algo que no nos convence y producto de eso nos estresamos, deprimimos, aislamos….

Cómo podemos hacerlo diferente? Cómo puedo cuestionar el mandato social desde hacer las cosas como me hacen sentido, y más profundo aún ¿Qué me hace sentido?, ¿Quién quiero ser?

Si contestamos cada una de esas interrogantes, probablemente nos daremos cuenta de que estamos encerradas en una forma de ser que no nos sirve, no ahora y probablemente nunca.

La invitación es entonces a colgar la capa, a dejar el antifaz y a mostrarse como realmente se sienten y son.

Y tú, ¿aceptas esta invitación?

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Por Konstanze Straub.

Soy una mujer inquieta, amante de la vida y de mi familia. Estoy casada hace más de una década y tengo tres hijos, los cuales he tenido el placer de criar y ver crecer en la ciudad de Puerto Varas. De mi profesión, puedo contar que he ido cambiando mis intereses desde la abogacía, labor que desempeño a ratos, hasta la disciplina del coaching ontológico, que unida a otros dominios de aprendizaje, me han servido de guía para desarrollar diferentes proyectos comunitarios y sociales de la mano de la consultora CK. Me gusta pensar que los cambios en el mundo se producen desde nuestro pequeño entorno hacia fuera, que si yo me siento y actúo como motor de cambio, y otros más hacen lo suyo, iremos transformando la coherencia actual que existe en el mundo, hacia un lugar mejor para ser y habitar en este planeta.

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