Viaje Mágico

Por Paloma Sanz

No es bueno hablar con rabia. He aprendido a esperar. A que se calmen las emociones, respirar y luego hacer el análisis.

Soy una convencida que la rabia es pura pena contenida. Por eso no escribí la semana pasada. Las palabras suelen esconder un sinfín de mensajes entre sus letras y como cada acción que realizamos en la vida, tarde o temprano, podría ser usado en mi contra.

Y sí. Sentí mucha pena al darme cuenta que en cierto aspecto de mi vida, mis expectativas ya no eran las mismas. Ya no espero nada de nadie, ni que me respondan en la misma medida en la que yo doy. Mis prioridades han cambiado y el desprenderme de mis viejas expectativas me han hecho tomar opciones y decisiones que antes jamás me hubiera planteado.

Hay quienes no entienden la felicidad y tranquilidad ajena y se empeñan en recordarnos que el mundo es hostil y cuesta arriba. Hoy no quiero gente así en mi vida. No quiero espejismos de ese pasado al que espero nunca volver.

Vivo y trabajo en Pozo Almonte, primera región de Chile. Cuando me preguntan cómo fui capaz de irme de España para venir a instalarme aquí, siempre respondo lo mismo: No tenía nada que perder y sí mucho que ganar.

Las cosas buenas seguirán eternamente en mi memoria: Córdoba de madrugada con sus calles empedradas y húmedas, mi prima y yo pasando la tarde en un sillón viendo una vieja película mientras afuera las calles de Valladolid ardían por el sol del verano, ir a buscar agua fresca a una vertiente en los Pirineos con una de mis mejores amigas. Y otras tantas vivencias que me llenaron de nuevas historias por contar: El olor a mango por las calles de Pica, la noche en que cofradías andinas bailaban en la puerta del templo de La Tirana.

Da lo mismo el espacio físico. Lo importante es la predisposición que se tiene para disfrutar ese espacio.

Siempre creí conocer mi lugar. Esa sensación de pertenencia que otorga la rutina, el caminar una y otra vez por calles que al final serán mis calles.

Y resulta que mi lugar, nunca lo encontraré en ninguna ciudad, ni país. Mi lugar está en el centro, en permanecer en la propia línea que me ha hecho ser la mujer que soy. Mis convicciones, principios y valores, el no tranzar las cosas que de base me transforman en una persona única. Tan especial, como diferente.

Y entonces cuando en este camino nos encontramos con situaciones que sentimos incómodas, es importante volver a responder esas preguntas eternas ¿de dónde vengo? ¿a dónde voy?

La vida es un eterno viaje y nuestros sentimientos son el equipaje que llevamos. De vez en cuando cambiamos algunas cosas, dejamos la rabia, nos llenamos de esperanza y seguimos.  Por momentos nos acompañan otros seres, a los que la fuerza de los afectos, transforman en nuestros ángeles guardianes. Expertos en descifrar los mensajes que muchas veces nosotros mismos no vemos.

Vengo de mis miedos y voy hacia mis sueños. Espero encontrarte en mi viaje, tomarnos un café (como entonces), intercambiar un libro quizás y volver a emprender el rumbo.

Sin desvíos, ni descanso. Únicamente enfocada en el ahora y hacer de cada segundo un momento mágico.

Esa debería ser la finalidad de cada vida, creer en la magia, sentir magia, crear magia.

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