Columna: VUELVE

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Vuelve. Con tus nuevas cicatrices y con las de antes. Con tus ojos serenos y tu caos llenándote de veneno.

Vuelve, en cada día, en cada uno de tus 86.400 segundos diarios vuelve. A respirar mi infierno, a quemarte con mis ganas, a quedarte en calma aun cuando no haya nada.

Ven emborráchate de mi nueva sangre fría, de mis pensamientos perversos, del pus de mis versos. De mi saliva, mis fluidos de todo lo que salga de mi pecho herido.

Tengo tres historias que contarte y cuatro sueños imperfectos.

Ven a reconocerme, a ver si queda algo de  esa noche desquiciada donde te hice el amor con la mirada. No dejes de venir, de buscarme, de hacerme tu refugio en medio de la carne.

Soy la que antes, no te supo encontrar, me alimento de silencio y gritos desencajados a destiempo. Tienes razón, aun me falta. Sangrar más, vomitar más rabia, escupir por mis ojos la desesperanza.

Y cuando vuelvas una y otra vez a caer ante mis espantos, levanta la cabeza mírame desde lo alto. Desde tu lugar de gloria, de triunfos pobres y vicios rosa. Desde el umbral del silencio, de los besos tuertos y el amor en gotas.

No seas cobarde y ven. Enfréntate a lo que dejaste. Las botellas vacías, la sonrisa fría. Vuelve, para que veas que sigo manteniendo la mirada, que no me avergüenza nada. Que sigo sabiendo nadar en aguas heladas.

Ven, no tengas miedo, de enfrentarte a mi sentencia y a tu propia condena. A la cárcel donde guardo toda la nada: tus sueños perdidos y mi ego herido. 

Sé humilde en reconoce tu derrota, no soy yo la que llora en las sombras. Prometo abrazarte como nunca antes, sin que el corazón salte, si que se estremezca la carne. Me disfrazaré de empatía y sabiduría para que se instale el miedo entre tus costillas.

Ven no tardes, se me está olvidando tu risa, la sonrisa torcida y ojos grandes. Y es que cada vez eres más nada, una imagen difusa, la más cruel de mis musas.

Vuelve, aunque sea un segundo, que ahora soy yo la que quiere dejarte con una frase a medias, una historia que ya no me interesa y mil estacas entre tus piernas.

Ven, te invito a ser testigo de cómo devoro tu olvido. Te invito dos copas llenas de veneno, aun quedan de la cosecha que dejaste.

Brindemos por los triunfos de nuestra guerra. Por esta historia muerta. Y si quieres después rezamos un salmo absolutamente inventado:

“Que Dios se apiade de su pobre esencia

Y el diablo celebre toda su indecencia

Que los ángeles bailen su reggaeton

Y los arcángeles preparen el batallón

Puesto que el que mata por la espalda

De frente le clavaran la espada”

Por Paloma Sanz 

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