Control Freak: ¿Qué tan controladora te sientes?

¿Control Freak?

Cuántas veces hemos escuchado ese término, que si bien sabemos que se refiere a ciertas actitudes, no necesariamente tenemos claras cuáles son. Pues bien, en un intento de entender este rasgo -tan común dentro del grupo de mujeres actuales con las que me identifico y relaciono día a día-, es que he querido partir esta columna hablando de algo que, asumo, nos identifica.

La mujer del mundo de hoy, nace y crece con el discurso social de que cuando sea mayor de edad, y más precisamente, cuando salga de la casa de sus padres, va a poder hacer lo que quiera con su vida, va a poder elegir y tomar sus propias decisiones. La libertad queda condicionada a la adultez, o a una condición de ser adulto que se relaciona con obtener un espacio propio, acompañado lo más seguro de una profesión, un sueldo y en muchos casos de una pareja.

Cada vez que vamos obteniendo en nuestra vida, uno de estos “logros”, nos vamos acercando al anhelo de la independencia, de tomar las riendas, y también al deseo de ser lo que queramos ser, sin pedir permiso, sin rendir cuentas.

¿Cuándo entonces aparece la “Control Freak” en esta historia?

Cuando ya estamos en el camino de nuestros logros. Las cosas y las experiencias se van sucediendo demasiado rápido, sin la conciencia necesaria como para degustar cada sorbo. De repente, estamos en el medio de un mundo adulto-independiente-profesional-maternal y otros en que, curiosamente, lo que menos encontramos es tiempo para sentirnos libres, libres para poder hacer y deshacer a antojo, para no dar explicaciones, para elegir.

En mi trabajo como abogado y coach, me he dedicado a tener varios espacios conversacionales con distintas mujeres en esta etapa adulta. En muchas de ellas he podido observar a través de sus relatos el cómo de repente se vieron envueltas en otros deberes que ya no tenían que ver con sacar el título o encontrar trabajo, sino que tenían que ver con esperar al marido, cuidar al hijo, conseguir asesora del hogar, limpiar la casa, hacer tareas con los niños, ayudar a la pareja a hacer algo: deporte, dieta, actividad específica u otros.

Es en ese revoltijo de actividades, donde no alcanzamos a hacer nada realmente “completo”, o de acuerdo a nuestra expectativa y a la expectativa de los otros, comienzan los primeros síntomas. Es en ese espacio de disconformidad-conforme que nos agarramos, aferramos o enamoramos de una manera de hacer las cosas, “la única” que nos queda para cumplir ese anhelo adulto de libertad, de elegir. A esa forma la llamamos “a mi manera”, o “las cosas se hacen así”, o “a mi me gusta de este modo”, y esto lo vamos aplicando a todo. Aparece la mujer “Control Freak”.

Este concepto, se utiliza para explicar, por ejemplo, que el mueble se limpia de determinada manera y con x producto. Se usa también para que te hagan el reporte mensual de trabajo de determinada manera; también para que se aliñe la ensalada de tal manera; para que el marido o pareja llegue a la casa a tal hora, o haga solo x cantidad de actividades con amigos a la semana (si es que se lo permites); aplica para que los hijos estudien de determinada manera, de tal a tal hora; aplica para que la comida se sirva a tal hora; aplica para que el marido acueste a los hijos de la manera que a ti te gusta y te hace sentido;es decir todo, como a ti te gusta.

Si las cosas no se hacen como a ti te gusta, te frustras, te sientes incomprendida, no escuchada, no valorada y entiendes que algo pasa que no te llena, algo pasa que no te sientes plena, más bien te vuelves triste, agobiada por la responsabilidad de tener que estar en todo y para todos, y sobretodo, sientes que estas cansada, sin tiempo.

¿Te ha pasado? ¿Has sentido que toda la responsabilidad del hogar esta en tus manos?, has sentido que estas sóla contra el mundo? O tal vez no tan dramático, pero te ha pasado que sientes que si no estas encima de las cosas, estas no funcionan?

Bueno, aquí es donde viene una buena noticia. Primero, debemos preguntarnos, ¿qué nos pasa con eso? Además de volvernos en unas esclavas del control, dejamos de mirar las cosas, actividades u oportunidades que tienen los demás para ofrecernos que son distintas a las nuestras. Más terrible aún, dejamos de disfrutar.

Estamos tan apegadas a nuestras formas, que nos negamos a toda elección posible que implique hacer las cosas de distinta manera, a mirar como válido como los demás, que son todos los que hacen las cosas distinto a mi, son igualmente inteligentes o hábiles, o buenos padres, sólo que tienen otras maneras, otra mirada.

Nos volvemos especialistas en enjuiciar lo ajeno como descuidado, desprolijo, mal hecho, poco real, o incluso como poco sincero.

Apegarnos al control en nuestros tiempos, lo interpreto como una manera de reclamar lo que nos habían prometido, nuestra posibilidad de elegir y de ser libres. Sin embargo, nos aleja minuto a minuto de esa expectativa, ya que sólo nos acostumbra a ser de determinada manera. El control nos ciega de abrirnos a alternativas, nos impide también aprender delas otras personas, de sus formas, sus maneras especiales de hacer y ser.

Quizás lo que nos pasa es miedo, miedo a analizarnos, a entender que no hemos llegado a ser lo que queríamos ser, miedo a darnos cuenta de que todavía queda mucho por aprender, miedo a enfrentar que no tenemos nada resuleto, miedo a reconocer que no sabemos realmente lo que queremos, lo que nos gusta, lo que somos.

Mi invitación es a desafiarse, a preguntarse ¿será que esto es válido si lo hago sólo de esta manera?, ¿será que debo escuchar más a los que me rodean?, ¿será que no estoy tan segura de que las cosas deban ser así? , ¿será que me he vuelto una mujer aferrada al control? Creo que sólo desafiándonos, como mujeres poderosas que somos, vamos a poder encontrar espacios de libertad, de disfrute, de elección y de seguro nos vamos a sentir más acompañadas, más valoradas, más amadas.

Y tú, del 1 al 10, que tan controladora eres?

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Por Konstanze Straub.

Soy una mujer inquieta, amante de la vida y de mi familia. Estoy casada hace más de una década y tengo tres hijos, los cuales he tenido el placer de criar y ver crecer en la ciudad de Puerto Varas. De mi profesión, puedo contar que he ido cambiando mis intereses desde la abogacía, labor que desempeño a ratos, hasta la disciplina del coaching ontológico, que unida a otros dominios de aprendizaje, me han servido de guía para desarrollar diferentes proyectos comunitarios y sociales de la mano de la consultora CK. Me gusta pensar que los cambios en el mundo se producen desde nuestro pequeño entorno hacia fuera, que si yo me siento y actúo como motor de cambio, y otros más hacen lo suyo, iremos transformando la coherencia actual que existe en el mundo, hacia un lugar mejor para ser y habitar en este planeta.

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