De “separada con pensión alimenticia” a “divorciada sin lucas”

Hoy, Dios puso en mi camino a “Mujer Actual”, con muchas sensaciones de optimismo, buenas vibras y las ganas de  volver a escribir, así que aquí vamos.

Hace aproximadamente dos años y casi sin anestesia me cambié de estado civil “separada con pensión alimenticia” a “divorciada sin lucas”.

Y en un intento de rearmarme, me puse seria a revisar qué tenía, para con eso en la mano decidir qué hacer de ahí en adelante, sin perder la dignidad.

Contaba con una casa ABC1 (que hasta ese día mantenía mi ex) y una parcela de agrado en las afueras de Santo Domingo, que me había comprado hacía ya un tiempo, esperando el minuto o el impulso de hacer algo con ella. Pero sin mucha claridad.

Me senté con lápiz, papel y calculadora, para percatarme de que no podía mantener yo sola mi nivel de gastos, pero al mismo tiempo, estaba abierta al cambio. Tiré líneas rotundas y drásticas, que dejaron a toda mi familia patas para arriba. Mis hijos incrédulos, pensaron en traerme una muñeca y una peineta.

Resumiendo, puse mi bella casa en venta, con ese dinero compré un par de departamentos pequeños para arrendar, y construí una cabaña en mi parcela. Mi misión de reducir gastos a la mitad era fervorosa, debía empezar de nuevo.

YAPO se convirtió en mi partner, vendí todo lo inútil, lo pituco, lo que tenía doble, o que era incompatible a mi nuevo sistema de vida. Esta nueva vida que iniciaría en el campo, estaría rodeada de animales y con energías alternativas, por lo tanto, muchos electrodomésticos eran innecesarios.

Camión de mudanzas lleno con las cosas que seleccioné, mi perra faldera, mis pilchitas y esta loca aventurera, que emprendía un nuevo rumbo. Un desafío ultra diferente.

De eso ya han pasado doce meses. Y de esos cambios, es que ahora quiero contarles.

Parto por agradecer a mi ex, “Gracias por dejarme sin ni uno, con eso abriste a mis pies un tremendo portón de osadía”.

Tengo un nuevo trabajo, nuevos amigos, nuevo estilo de vida, y a mis tres hermosos hijos amándome, pues han visto mi esfuerzo y lo valoran, al igual que yo.

Mis amigos son parte de mi comunidad, parceleros igual que yo, gente que por alguna razón también emigró, y junto a los cuales estoy formando una familia de apoyo. Incondicionales de magnitud.

Un trabajo que me llena el alma, yo vendo parcelas, vendo sueños, ayudo a otros a emigrar, y los acompaño con determinación y osadía. Transmitiendo mi propia experiencia. Yo ya lo hice. Yo ya lo viví. Y atentos a lo más importante, aquí se vive con Pozo, Fosa, y Paneles Solares, así que el desafío es doble.

Soy una vendedora de sueños.

Esta felicidad actual que se irradia, hace maravillas, para los nuevos que llegan recién, como también para los que me conocieron años atrás.

Vivo una vida plácida, ligada a la naturaleza, a la espiritualidad, a lo simple, como a la antigua, como si mi tiempo se hubiese detenido.

No tengo internet, no quiero tenerlo, y vuelvo a los libros, al tejido, a rezar el rosario, a meditar, a hablar sola (o con Dios) y a agradecer.

Vivo rodeada de un silencio sobrecogedor y maravilloso.

El silencio es mi inspiración.

Mi perra faldera, es mi amiga del alma.

Mis tres hijos, regalos de Dios, y mis fines de semana con ellos, una fiesta a mesa llena.

Mis vecinos, mis partners.

Mi trabajo, una bendición.

Volver a escribir, una aventura sin límites, que puede traer mil sorpresas.

La vida, un buen libro que escribo a diario.

Lo malo, una enseñanza.

Los dolores, otra oportunidad.

Mis canas, sabiduría.

Las fogatas, sinónimo de amistad.

Los pájaros, una alegría.

Los caballos, libertad.

Quiero escribir a esas personas que detestan su trabajo, o que solo desean “bajarse de la micro que corre veloz”.

Por las razones que sean, que la vida se te hace cuesta arriba, no temas, no sufras, no te desanimes.

TODO ES UNA OPORTUNIDAD DE PERMITIRTE SER FELIZ A TODO PULMÓN!!!!!!!!


Por Viajera sin límites

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