Otra noche sin dormir… Princesita

Una vez más el insomnio me acompañó por varias horas anoche, di todas las vueltas que pude, acomodé y reacomodé las almohadas, y nada, no podía dormir… Es que con tanta idea en la cabeza, con tanta imagen, con tanta pena, dormir es casi un lujo. Freud dice que “el sueño es el guardián del reposo” o del dormir, pero en mi estado el pobre custodio hace rato que está inhabilitado, que más se le puede pedir si estoy con la angustia al tope, hasta yo misma ando media inhabilitada…

Las ideas no paraban, todas giraban en torno a él (mi ex marido), saltando de recuerdo en recuerdo repasé varias de las sensaciones que viví desde nuestro pololeo. Así, de pronto me encontré reconociendo algunas cosas que hasta ahora no había visto con claridad… Estaba yo en este ejercicio cuando caí en cuenta de que hasta antes de conocerlo me la había pasado en relaciones bastante parecidas, todos mis ex se caracterizaban por ser buenas personas, unos más profundos que otros, pero todos sujetos confiables, leales, sinceros, pero por sobre todo lo que los hacía parecidos era mi vivencia junto a ellos, es decir, más allá de sus diferencias el denominador común era la sensación de princesita consentida” con que me había vivido a mi misma… Tema bien particular porque si lo pienso un poco más, es la misma sensación que tuve un buen rato de mi infancia con mi papá (o sea toda la culpa la tiene el complejo de Edipo!!!).

Esto de haber funcionado como “princesita claramente tuvo costos asociados. Ahora que le doy otra vuelta veo por lo menos dos: la princesita no es una mujer sino una niñita, una traviesa y algo tiránica niñita, que ante cualquier frustración hacía una pataleta disfrazada de puchero, cosa que siempre daba resultado; el segundo costo, probablemente fue el que me jugó más en contra cuando lo conocí a él, es que para que haya una princesa como ésta debe haber un príncipe consentidor… y es justo ese, el gran costo… De no ser por mi inmensa condición neurótica, mi vida sería tan distinta!!!

Para una neurótica, histérica, con núcleos un tantito sádicos (una cosa poca no más) y con un C.I de 110 (por lo menos), o sea una mujer común y corriente como yo, lo peor que le puede pasar es que la consientan en exceso!!! Sépanlo machos: a las princesas no se les da el gusto en todo, no!… La princesa necesita que la limiten, que la frustren de vez en cuando, de lo contrario pierde el gustito y al poco andar el príncipe se transforma en lacayo… Malo para ambos, porque una vez consumada la metamorfosis el encanto no se “reencanta”.

Conocerlo a él marcó un hito en mi historia. Por esos días, yo andaba prodigando la siguiente teoría entre mis amigas, para mí los hombres-hombres estaban en peligro de extinción y yo tenía la esperanza de encontrarme alguno de los pocos que quedaban sobre la tierra… Ahora que lo pienso, la teoría me parece arrogante y ambiciosa, pero bueno… En este momento histórico lo conocí, obviamente me sorprendió porque él sí que era arrogante, su discurso me parecía tan inteligente que brillaba, sus palabras tenían la dosis precisa de seducción, ironía y seguridad, o sea el cabro se manejaba… Para una princesita como yo, simplemente él encandilaba, era lo que yo andaba buscando, éste sí que era príncipe y macho!!!

Las horas avanzaban, el insomnio no me daba tregua. Tantos recuerdos y tanta pena, tanta angustia… Trato de encontrar entre mis memorias las claves que me permitan entender qué pasó, pues a ocho meses de estar separados aún no entiendo, aún me confundo e ignoro -por ratos- la razón que me obliga a estar lejos de él… ¡¡¡Una dosis de Fluoxetina y otra de inductores de sueño, por favor!!!

Entre mis príncipes el que más relució fue él, su brillo me impresionó, pero también me eclipsó… Los mimos se esfumaron y yo no sabía cómo se reinaba sin ellos. Media enceguecida pensé que había llegado la hora de hacerme Mujer, cosa lógica si me había encaprichado tanto por un Hombre… Lo que no dimensioné es que yo no sabía cómo hacerlo (creo que ahí empezó a enredarse la madeja), la única mujer que tenía como referencia era mi madre, pero a ella no le gustan los mimos, es un ejemplo de esfuerzo y logros, pero no es precisamente un manual de apapachamientos… Ella se ve como la Reina Madre, siempre capaz de resolver cuantitativamente las dificultades, pero a varios kilómetros en términos afectivos.

Parece que confundí hacerme Mujer con no pedir, y como mi príncipe consorte no era muy hábil en la entrelínea no supo leer ni mi fragilidad ni mis resabios consentidos y la vivencia de soledad me empezó a acompañar y se fue mezclando con la sensación de desamor… El eclipse oscureció mis emociones y me fue enfriando, y me fue entristeciendo, y me fue apagando, hasta apagar el amor que sentía por él… Si, parece que eso fue lo que me pasó, por fin logré darle forma al caos, por fin pude comprender un poco, eso era bueno, aunque fuera a esas horas de la madrugada…

A buena hora la angustia cedió y la revolución “ideacional” entro en calma, no sé si porque el cansancio pudo más o porque entender lo que me pasa me tranquiliza, de cualquier forma casi al alba pude dormir… Pero instantes antes, cuando los parpadeos se hacen más lentos y pesados, un suspiro hondo dejó salir una última idea… Disney miente, princesas, Disney miente…

Por Mujer Actual 

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