PARRILLADA Y OLIVOS

12064444_10153629197542068_1990341113_nHola!! Soy algo así como una exiliada sentimental. A los 7 años dejé España por traslado laboral de mi padre a Chile. Crecí añorando a los míos (abuelos, primos, tíos). En Chile hice mi vida y a los 43 años me fui porque me abandonó mi pareja. ¿Un drama? Quizás el comienzo. Ahora vuelvo a España a vivir la aventura de la vida ¿Me acompañas? 

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Por Paloma Sanz, desde España 

Soy parrillera. Da lo mismo el lugar del mundo donde me encuentre, si hay una parrilla cerca, en un segundo me haré ama y señora de ella.

Me gusta quedar llena de carbón, ver como la carne va tomando colorcito y que cada 5 minutos se me acerque alguien preguntando ¿hay algo listo ya?

Es raro, en Chile dicen que las mujeres no sabemos hacer asados, que estupidez! Tengo una amiga que es más capa que yo. “La Cote” prende el carbón sin meter ni un papel, ninguna ramita, nada. Creo que si se hiciera un concurso de mujeres parrilleras ella ganaría seguro.

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Pero volvamos a Peñaflor. Un pueblito de la provincia de Sevilla, aquí estoy. En una casa rural rodeada de 500 olivos, se escuchan risas de los hambrientos comensales y desde la radio suena algo que si tuviera que definir me suena a flamenco-pop.

Dispongo la primera tanda de lomo, costillar, chuletas, chorizo y prietas sobre la parrilla y mis infaltables papas envueltas en alusa entre el carbón. Me preocupa el pebre ¡claro que hice pebre! Ha resultado un éxito y observo como meten pan y papas fritas en él, creo que no llegará para las papas, ni para el choripán.

El cielo poco a poco se torna gris, se avecina una tormenta de proporciones. Estoy tranquila, ya encontré el lugar exacto donde trasladar la parrilla en caso que comience a llover.

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Dejo reposar todo y me voy a recorrer el lugar. “Rocky” un pastor alemán gigantesco acompaña mis pasos. Son bellos los olivos y hay naranjos, limones, alcachofas, zapallos y muchas hierbas aromáticas. Me gusta el campo, me gusta la naturaleza en general. He descubierto que me siento mejor cuando estoy fuera del ruido de los autos, los postes de luz, los edificios. Aunque reconozco que amo los paisajes urbanos. La paredes llenas de grafitis, las construcciones sesenteras y grises, los callejones oscuros.

Hubo un tiempo en que hacía asados casi todos los fines de semana. No. Hacía comidas a la parrilla. Parrilladas de verduras, de pescado y muchas paellas. Ésta es la primera que hago en más de un año y como suele suceder con las cosas que uno vuelve a realizar luego de mucho tiempo, mil imágenes se apoderan de mis pensamientos. Es rara la memoria, cuando menos lo esperas vuelve a bombardearte con cosas que ni sabías recordabas. Como aquel asado de viernes santo cuando llené la parrilla de salmón y choritos.

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Pero volvamos al presente. Un gran balde de sangría sobre la mesa, otro lleno de aceitunas, papas fritas y mucho pan. Un par de niños pequeños juegan felices entre los olivos. La carne ya está. El primer asado de los tres que vendrán (hemos venido por el fin de semana).

Todos comen apurando su plato. Hay un programa de la tele que se llama “Este es mi pueblo” y hoy aparece el pueblo en el que estamos. Todos quieren ver sus calles, las fachadas de sus casas y escuchar a sus vecinos. Me encanta el orgullo que sienten por sus raíces.

Afuera la tormenta ya se hace presente iluminando el cielo con mil relámpagos, adentro una gran cama me invita a una buena siesta, es el momento donde la “gula del recuerdo” se hace presente. Me comería un pedacito de torta de milhojas o mote con huesillo, aunque sin duda el día está para sopaipillas.

Miro los restos que quedan de pebre y descubro las ganas que tengo de una marraqueta. Entonces descubro que mis raíces están donde crecí. Donde se fortaleció el tronco de mis vivencias, tallado con los nombres y corazones que el tiempo me regaló. Aquí se avecina raudamente el invierno y sin embargo, siento como florezco. Sí, estoy viviendo mi propia primavera.

 

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