Isidora Urrejola: pensé en abortar porque no quería estar embarazada

Es la menor de cuatro hermanas, no le gusta competir, podría bailar todo el día y ama los porotos granados de su mamá, -solo los de su mamá-. Creció bajo la sombra de su hermana perfecta, tiene déficit atencional y le gusta la naturaleza. Es madre de Miel, la hija que llegó inesperadamente y cambió su vida para siempre. Acá su entretenida historia llena de improvisaciones.

Por Angélica Yáñez / Fotografía Úrsula Madariaga / Styling Romina Morales y Matías Amengual/ Maquillaje y peinado Javiera Kästner / Locación Hotel Luciano K Hotel / Audiovisual Ángel Fregosi

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Isidora Urrejola tiene luz propia, es de esas personas que llenan espacios y conquista con la sonrisa. Sus ojos bailan todo el tiempo, y cada vez que habla se pierde entre un millón de ideas que quieren salir rápidamente de su boca. Prendo la grabadora y mientras gesticula sin parar, nos cuenta cómo fue su infancia.

“Soy la más regalona y fundida de las hermanas. Entonces tuve la patudez y confianza de hacer siempre lo que quise, “pero con respeto”, jajaja. La primera vez que me emborraché, fue como a los 16 en un Año Nuevo y vomité hasta las 4 de la tarde del otro día, estaba tan mal que dije que nunca más tomaría y no tomé hasta los 25 años

Cuando era chica viví en Lampa, soy de campo, me gusta la naturaleza y la montaña. Mi casa siempre estaba llena de gente y quería estar todo el día en la piscina, solo salía cuando sonaba la jarra del café helado. Siempre fui muy histriónica y mandona también, me gustaba dirigir los juegos. Recuerdo que tirábamos la toalla en la piscina y saltábamos sobre ella, entonces sentíamos cuando la toalla se pegaba en el cuerpo y esa era la máquina del tiempo, salíamos y éramos todos dinosaurios, jajaja. He tratado de jugar con mis sobrinos ese tipo de juegos, pero los niños ya no tienen imaginación”.

En su adolescencia sufrió bullying, tenía la autoestima muy baja y como estudiaba en un colegio pequeño, todo era más difícil. “Yo era como la amiga de la rubia, siento que me fui poniendo bonita cuando salí de la universidad, ahí empecé a creer que no era tan fea. Una vez, en el viaje de estudios estaban todas las mujeres en una pieza y yo estaba afuera porque no me dejaban entrar”.

¿Por qué crees que los niños están más violentos?

“El problema es que el mundo está muy violento, no son solo los niños, los adultos también estamos muy violentos. Y tenemos gran responsabilidad en lo que sucede. Finalmente los niños prenden de sus padres”.

Cuando cumplió 18 años, su mamá, Francisca Arroyo, le regaló un viaje a Londres para aprender inglés. “Lo pasé mal porque fue como salir de la burbuja en la que vivía. Las familias son súper distintas, tenía muchas reglas, dormía en un futón en el hoyo de la chimenea que ya no era chimenea, el lugar era súper poco hospitalario. Además no entendía nada, imagínate que mis máximas clases de inglés habían sido en MTV”. Luego de esa experiencia fue a recorrer Europa con su hermana, Fernada Urrejola, también actriz.

“Desde los 12 hasta los 18 años generé mucha rabia contra mi hermana y fue justamente en el viaje que me empecé a reconciliar con ella. La Feña era deportista de alto rendimiento, era perfectita, todo le salía bien. Entrenaba todo el día, le iba la raja en el colegio, mientras que yo tenía déficit atencional, era hiperquinética, es decir, todo lo malo lo tenía yo y me costaba mucho porque me comparaban todo el tiempo, no mis papás, pero si mis tíos. Siempre me decían: ¿por qué no fuiste un poquitito más como la Fernanda?.

Cuándo tuve que decidir qué estudiar, no tenía nada claro, pero sabía que no quería ser igual que mi hermana. Entonces como crecí con las comparaciones, dije que no iba a estudiar teatro para que todo el mundo me comparara con ella. Me matriculé en ciencias políticas en la Diego Portales y duré dos meses. Me fui a Europa, visité todos los museos y quise ser diseñadora industrial porque encontraba la raja diseñar máquinas nuevas. Estuve dos años en diseño gráfico y lloraba porque no quería estar el resto de mi vida sentada frente a un computador, yo me imaginaba casi diseñando muebles y no era así, entonces supe que no era lo mío.

Veía a mi hermana mucho más realizada en teatro y dije ya filo, estudio teatro. Hice las pruebas, quedé y todo empezó a darse. Aunque no lo pasé tan bien en la escuela porque todo es muy competitivo. Y como yo no tengo alma competitiva, porque me estresa la competencia, me violenta. Realmente no tengo energía para estar en la competencia todo el rato.

Yo estaba en una etapa en que necesitaba volver a mis raíces y fui a muchas ceremonias de mujeres. Estaba full pachamámica, ceremoniando todos los meses por la Luna Nueva, la Luna Llena, por la hermandad de la mujer, porque había que ovular. Entonces yo estaba en un proceso muy come flores para algo que era muy terrenal, muy visceral, en ese sentido tenía una dualidad interna, pero agradezco todo lo que aprendí.

Con el tiempo el amor que la Feña me tiene y la profunda admiración que nos tenemos desde lugares muy distintos. Hacemos un complemento único y aprendemos mucho la una de la otra. Hoy tengo un amor demasiado grande por ella. La admiro y creo que es la persona más valiente y valiosa en el mundo. Es realmente impactante”.

Las mujeres

¿Tuviste alguna relación con una mujer?

Nunca tuve una relación, quizás estuve más de alguna vez con la misma mujer, pero no creo que uno sea lesbiana o bisexual por experimentar. No tengo problema en reconocer que besé a mujeres, encuentro que las mujeres son exquisitas, tienen unas pechugas preciosas, me encantan las minas hasta el día de hoy, pero no me categorizo.

¿Crees que hay lealtad de género?

Creo que cada vez hay más solidaridad de género y para lograr mayor solidaridad de género deberían eliminar las pastillas anticonceptivas, porque las pastillas funcionan a nivel hormonal y cerebral, enviando un mensaje que dice que no debes ovular cuando tienes que ovular, por lo tanto, bajan tus niveles hormonales y obviamente mientras más consumes pastillas anticonceptivas, eres menos mujer que si no las tomaras, porque cerebralmente el cuerpo está anulando algo de tu cuerpo. Entonces tu nivel de empatía entre mujer y mujer también es distinto.

Entra un integrante del equipo con un bolso y ella se dispersa: ¡me encanta tu bolso!, tengo una obsesión con las naves espaciales. Se reintegra.

Ocurre algo muy hermoso porque las mujeres tenemos nuestro ciclo según la Luna, y si muchas mujeres que no toman pastillas se juntarán, esas mujeres se enfermarían todas al mismo tiempo y por qué pasa eso, porque hay una hermandad de género.

La maternidad

Su carrera estaba despegando, había sido jurado del Festival de Viña del Mar y tenía varias ofertas de trabajo, pero cuando solo cumplía tres meses de pololeo con Pancho, como le dice ella, quedó embarazada de Miel, su hija que hasta los tres meses se llamó lentejín. Entonces, todas las propuestas laborales desaparecieron y un terremoto azotó su vida.

“Se me pasó por la cabeza abortar porque no quería estar embarazada por nada del mundo, pero durante toda mi vida he pensado que la única manera que podría hacerlo es por una violación. Y creo que cada acto tiene una consecuencia y uno tiene que ser responsable de sus actos.

Un día me puse a meditar llorando y hablé con mu guatita: yo no estoy preparada, no estoy lista para tenerte adentro, y necesito decirte que si tú crees que no voy a ser una buena madre o que no tienes que nacer, ándate. Le hacía entender que tenía una pena que no era de ella y que esa carga emocional era solo mía.

Estaba viviendo un duelo, ese duelo de que nunca más volverás a ser lo que eras antes, tu cuerpo cambia, tienes un extraterrestre adentro, es lo más marciano que puedes vivir. Hay gente que ama cuando se mueve la guagüita, pero es lo más raro del mundo”.

Estaba realmente en shock por lo que estaba viviendo y sentía que tenía que despedir su juventud, entonces a los tres meses de embarazo decidió comprar un pasaje de avión y viajar a Estados Unidos con tres amigas. ¿El objetivo? Subir a todas las montañas rusas de Orlando. Después se iría dos semanas a celebrar su cumpleaños con su hermana que vivía en Filadelfia.

“Pancho me dijo que subiría un cerro y que estaría desconectado dos días y yo tenía pena porque era mi cumpleaños. De repente suena el timbre y era él. Mi corazón se iba a salir y ahí supe que era el hombre de mi vida. Volvimos a Chile y armamos nuestro nido de amor.

Cuando tenía cinco meses de embarazo su útero no estaba creciendo de forma normal, entonces se fue a Cobquecura, y cuando tenía ocho meses, Pancho la invita a recorrer la Carretera Austral en auto. “Mi mamá estaba histérica, no teníamos plata para un hotel, entonces poníamos el colchón inflable en el auto y te juro que dormía tan cómoda y calentita, fue maravillo!”

Actualmente trabaja en el programa Nexo de ESPN. Divide su tiempo entre la maternidad, el trabajo y su gran amor. Es una mamá relajada y multifacética. Cuándo le pregunto por la clave del éxito, responde: “Lo importante es ser fiel a uno mismo, si no eres fiel, se va todo a la mierda”.

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