10 ejemplos de la pérdida absoluta del pudor

Hoy leyendo las actualizaciones de Facebook, descubrí una nota de la bloguera @bruffinelli. La verdad es que la leí sin muchas expectativas, pero debo reconocer que la publicación está buenísima.  Como no soy egoísta he decidido compartir la nota con todas ustedes.

Ya me cansé de las postales románticas de Village que muestran la maternidad como algo hermoso, lleno de dicha y gloria; me cansé de que se diga con tanta liviandad que es una exclusiva cuestión de amor y ternura. No señores, la maternidad es una cuestión más grave, es una cuestión de valentía y de pérdida del pudor; y si usted señorita está pensando en quedar embarazada y criar hijos, le digo que mejor lea primero lo que le tengo que contar; nada de teoría, pura verdad.

Claro, para quedar embarazada el cuento se ve entretenido, muchos borradores, mucha locura y mucha pasión; pero una vez que la noche termina, y tu óvulo es fecundado por ese espermio ganador que nadó como nadie hasta llegar, la cosa cambia mijita, olvídese y no se engañe.                                                                                                                                                        

Para qué les voy a contar de los kilos demás que debemos soportar, eso es la parte evidente, mejor les cuento el lado B, ese menos glamoroso y que menos fotógrafos retratan, ese lado esquivo que nos cuesta asumir y tratamos de olvidar…

1. El Ginecólogo: a ninguna mujer le causa gracia la ida al ginecólogo, y cuando te embarazas el weón se convierte casi en tu marido. Probablemente será el que te meta más mano en los próximos nueve meses.  El mío tenía una gran gracia, era tirado a simpático, y recuerdo sus tallas hasta el día de hoy: “uuuy llegó mi paciente favorita…oye! Que estás pechugona! Te estás pareciendo a la Dolly Parton! Me decía el muy tiernucho en una época en que la revolución hormonal te tiene de cabeza. 

2. Me meo!: y aquí no estoy hablando de política, es que cuando tu guata comienza a crecer, deja poco espacio para los otros órganos y menos aún para desechos, poco a poco te comienza a presionar la vejiga y al poco tiempo te meas… si corazón, te meas. Estornudas y te meas, toces muy fuerte y te meas, te tomas medio vaso de agua y tienes que salir corriendo al baño, porque adivina que… si poh! te meas!

3. Pechugas mutantes: aquí muchos hombres podrán diferir, pero ver como día a día tus pechugas crecen y crecen y no paran, puede ser escalofriante. Llega un minuto en que los sostenes te empiezan a quedar chicos y quedas como con paperas; y no te queda otra que comprar sostenes nuevos. Aquí viene el horror, en Temuquito, no hay variedad de sostenes en tallas grandes, por lo que sólo te queda la opción de comprar el de “vieja de mierda” Triumph en tono piel, o el de “weona embarazá” en blanco de Leonisa; nada muy sexy y más que otra cosa, una oda a tu abuelita. Si los hubieras usado antes, capaz que ni te habrías embarazado!

4. Las patas de elefante: alguien escuchó alguna vez acerca de la “retención de líquido”, bueno, le digo altiro que con el embarazo pierdes los tobillos de forma casi inmediata, y ese lindo espacio que alguna vez unió tus pantorrillas a tus piececitos, se va a la mierda, y te la pasas con las patas hinchadas y poniéndolas sobre la silla, en cojines en alto y con ganas de caminar poco… mijita, ya le digo yo… use condón.

5. Quiero comida china!: el antojo de entretenido no tiene nada, es incontrolable y te pone de mal humor; claro, si es la tarde del domingo y te dan ganas de comerte un chocolatito, tu lindo y amoroso maridito puede ir a comprarlo a la esquina y quedar como rey, tu feliz y el antojo satisfecho; pero si como yo, eres madre soltera y te vienen ganas de comer comida china a medianoche y el restorán que te gusta no tiene delivery, te quiero ver levantándote a medio vestir para salir a comprar tu Pollo Tausí con la guata por delante y cachando que el chino que atiende no entiende que lo NECESITAS YA!

6. Estamos en la hora parece: llega el día “D” y tus contracciones son exactas cada 5 minutos, tu lindo ginecólogo amigo te dice por teléfono: “Estamos en la hora parece, nos vemos en la clínica”. Y te las emplumas rumbo a lo que crees ingenuamente será el fin de tus malestares, tus vergüenzas y tus humillaciones, pero no señora, es sólo el comienzo, porque una amable enfermera te dice con una suavidad casi indetectable “a ver, me abre las piernecitas para medir la dilatación”… concha de su madre… y no te invita ni una piscola primero, y te lo pide despacito, como si con eso alivianara la carga… Weona! No podís decirme que te abra las piernecitas si te vengo recién conociendo, con mi gine tengo una relación armada, de confianza y mucho tiempo, pero tú! Igualada, que te has imaginado en querer meterme tus manos quizás hasta donde para medir quizás qué!!!

7. Su lavadito ahora: y es que cuando una es primeriza se pasa de pelotuda, pero es por ignorancia y porque nadie escribió esta columna antes que yo me embarazara. Ya en mi habitación muy pirula de la Clínica Alemana, con una regias cortinas en tonos damasco y flor de tele frente a mi cama con controles remotos que la ponían pa arriba y pa abajo… llega una muy diligente enfermera poco antes del parto y me dice siempre querendona: “le vamos a hacer un lavadito ya?” Un lavadito, dije yo, imaginando que sacaría sus esponjitas y me lavaría mis partecitas para que el doctor no se encontrara con sorpresas a la hora de “entrar a picar”, claro dije yo, una mínima deferencia con este pobre weón que se pasa el día metido en cuevas inhóspitas. “claro” le respondí… “dese la vuelta” dijo la diligente enfermera “mischh” dije yo, pensando en que la cosa era por todos lados y que el servicio era muy completo… me di vuelta y ella encantadora levantó las sábanas y me abrió la indigna bata, de esas que te dejan el potito al aire… cual sería mi sorpresa al darme cuenta que no me pasó una esponjita por el trasero, sino que me metió una pera hasta el píloro!!! Concha de tu madre!!!!! Exclamé a viva voz… que menos podía hacer si me ultrajaban sin mi consentimiento, una cosa son los juguetes eróticos y otra cosa, que te metan una pera con agua por el culo sin el más mínimo decoro ni autorización!!! Y ni siquiera tuve tiempo para putearla como se merecía, porque claro, el lavadito hace efecto casi inmediato y tuve que correr al WC a cumplir con su misión.

8. Las visitas: Como si todas estas vejaciones y apocamientos no bastaran, entonces a sólo horas de haber parido, comienzan a llegar las visitas; y es que la gente es muy desconsiderada! Nadie toma en cuenta que llevas una noche sin dormir y de haberlo pasado pésimo, estás cagada de sueño, obvio que ni te has bañado y más encima tienes tus intimidades recién parchadas y te han pasado uno de esos saquitos de gel frio para que te pongas entre las piernas para disminuir la inflamación!!! Es que nadie puede querer que la vayan a visitar en esas circunstancias!!! Y más encima, los maricones llevan cámaras de fotos y después las suben a Facebook!!!!  Púdranse  y aprendan que a las recién paridas no deben visitarlas sino hasta después de dos días, dennos tiempo para aprender a caminar con puntos en el choriflay, y para que se nos quite la cara de parto, por favor.

9. El miedo al WC: y claro, después de dos días, ya te sientes mejor, has comido perfectamente y tu cuerpo ya recupera su ritmo normal, pero viene entonces lo que he denominado el “pánico al WC”. Claro y cómo no, si con los puntos que te han dejado puestos, te mueres de miedo de hacer ni mediana fuerza, o crees que lo que salga arrasará con el maravilloso punto cruz que te hizo el obstetra para dejarte como de quince otra vez… entonces tu cuerpo siempre sabio, qué hace? Retiene. Y no hay Activia que resuelva el problema que se genera, y la peor parte, es que la siempre indulgente enfermera te comenta: “si le duele la guatita son los gasecitos acumulados, trate de darse vuelta en la camita y si se atreve trate de ir al baño” y te das cuenta de inmediato que ella lo sabe todo, que sabe que estás que te cagas pero no tienes la valentía suficiente para meterte al baño… ella lo sabe, y tú sabes que ella lo sabe, y ella sabe que tu sabes que ella lo sabe todo!!! Y así terminas paranoica, y todo por no querer ir al WC.

10. Eso es leche?: y bueno, para finalizar este conteo insostenible, está esa maravillosa imagen de la mujer amamantando, pero no sabes ná que esa hermosa mujer amamantando tiene otras cosas que hacer durante el día, y hasta sale de casa! Y claro, cuando ya lleva una horita fuera de casa, ves como su linda polera muestra signos de humedad en las que alguna vez fueron unas lindas pechugas y no falta el weón desubicado que te pregunta: Eso es leche?… efectivamente es leche, y la madre amamantadora primeriza se ruboriza y trata de secar la evidencia, y en el mejor de los casos se pone unos algodoncitos especiales para los sostenes, que son como protectores diarios como los que usan las minas en los calzones, pero para las pechugas… nada más antiestético!!!! No quisiera ser el marido de esa pobre madre, querer pasarme de listo en la cocina y encontrarme con esos algodoncitos….

Hijos nuestros, valoren entonces, más allá de la educación y los valores entregados por sus madres; estos signos claros de amor irrestricto y valentía materna; quienes hemos perdido el pudor a causa de la maternidad hoy miramos el mundo con otros ojos y nada nos parece tan grave después de haber recibido la perita de agua sin previo aviso.

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