Vida de separada… ¡¡Cuidado con los clavos!!

Por Marta Padilla

Estimadísimas amigas carpinteras: Luego de haberle dado vuelta al tema de las separaciones he llegado a una compleja conclusión, lúgubre sin duda, pero recuerdan eso de “un clavo saca a otro clavo”… de verdad para mi es lamentable reconocerlo, pero la evidencia es contundente!!!

Resolver separarme, ha sido una de las decisiones más difíciles que he tomado en toda mi vida. Una vez que la brutal idea se instala entre tus pensamientos comienza a funcionar como un quiste que va progresivamente apropiándose de tu espacio mental, hasta que lo ocupa todo. Bueno ahí es cuando uno se pone monotemática y no deja de hablar de lo mal que la pasas con tu marido o de lo egoísta y despreocupado que es, como si buscaras -sin saber- la aprobación del que te escucha (para mala suerte de tus amigas, normalmente ellas son las torturadas con tu catarsis descontrolada de quejas).

En este preciso instante deberían levantarse las alarmas, las luces de alerta, una sirena ensordecedora que te avise lo siguiente, la ecuación es simple: andas media tonta por la vida + te sientes sola, triste y necesitada de oreja (que no sea tu amiga, porque ya la tienes chata) + ante los ojos del resto te ves hasta más atractiva = en términos psicológicos eso se llama vulnerabilidad, en términos “chilensis” eso es ser CARNE FRESCA!!!!!!!! Así no más es, este es el momento en el que, no sé por qué razón, aparece ese ex pololo que siempre te tuvo ganas, o ese amigo que saludabas tarde mal y nunca en el MSN, o ese compañero de trabajo que nunca te despertó más curiosidad que saber el nombre del perfume que usaba, porque te parecía rico… el perfume.

Las ganas de conversar sobre tu desgracia no se te quitan y de pronto la escena te ubica frente a un relativo desconocido que de a poco se vuelve conocido, sin pensarlo mucho lo conoces más de la cuenta… peligroso, muy peligroso… Y entre halagos, refuerzos positivos y encuentros fugaces tu corazón sorpresivamente recobra la fuerza, situación compleja porque no olvidemos que en casa continúa el caos. El jote disfrazado de amigo solo es un paréntesis que te distrae de lo mal que lo sigues pasando. Ahora bien, hay que ser agradecida en la vida y asumir que el amigo ha funcionado como un andamio que te ha permitido pararte de nuevo, tomar nuevos bríos, y normalmente te ha dado el empujoncito para tomar la decisión final: separarte…

Mi abuela lo decía: “un clavo siempre saca a otro clavo”, y de lo que me ha tocado escuchar sobre relatos femeninos y separaciones es cosa de escarbar un poquito para que aparezca ese amigo fiel que ha contribuido a que te recuperes como mujer y vuelvas a valorarte, lo que ha traído como consecuencia también un divorcio. Supongo que eso no es tan malo, sobre todo si la decisión fue la correcta, el punto ahora es otro. El tema ahora es que el segundo clavo no se transforme en un pastel, pues de ser así la culpa y las ganas de correr a los brazos del primero serán tan impetuosas como tus originales ganas de ser libre, o sea más confusión porque el primer clavito está tal cual como lo dejaste, es decir, igual de chueco…

Ahora bien, si el segundo clavo no te salió pastel y todo va bien “aspectado” como dicen las brujas, el tema es otro, con tanto parche que le pusiste a la pena, al fracaso de un primer matrimonio y  la soledad, ¿cuándo podrás hacer a solas el duelo por la pérdida del primer clavito?…

Estimadas amigas carpinteras, albañiles y de oficios similares: Los clavitos sirven, más que nunca creo que uno saca a otro, no obstante también creo que en algún momento de la historia el clavo está de más, y si la valentía te sigue acompañando el paso siguiente será “ponerle el pecho a las balas” y arreglártelas con la pena y la soledad, de modo contrario cómo podrás encontrar en ti las razones que hicieron que el primer clavito perdiera su encanto…

Hasta la próxima… y cuidado con los clavos!

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