Carolina del Real portadora de VIH positivo: “Me cerraron todas las puertas en el mundo laboral”

A sus 37 años carga con la mochila de una enfermedad que la acompañará de por vida, junto a la discriminación social que vive por ser portadora de este virus que la ha dejado sin oportunidades de desarrollarse como profesional, pero que la ha convertido en un referente para crear conciencia sobre el VIH.

Por Libertad Hernández

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Carolina está muy concentrada armando un cigarrillo de tabaco con su mirada hacia abajo, mientras tanto, nos señala como el virus del VIH no tiene rostro y puede ocurrirle a cualquiera. Esto es lo que desea transmitir en cada charla que realiza  en colegios y universidades, donde expone la importancia de realizar el test de Elisa, además de la protección con condón.

Al levantar la cabeza y mover su larga cabellera rubia, indica que para ella el VIH era algo alejado, que sólo se veía en películas o salía en MTV.“Desde mis prejuicios, creía que esto era propio de personas drogadictas o mujeres con un largo prontuario, nunca piensas que te ocurrirá a ti”.

¿ Cómo te enteraste de que portabas el virus del VIH?

“Estaba agotada, llevaba un año entero en doctores y nadie me entregaba un diagnóstico claro de la razón de mis malestares de salud. A esa altura pensaba que sufría de lupus o cáncer, pero jamás me imaginé que era VIH y, menos en la etapa Sida”.

Carolina, mira hacia atrás, tratando de recordar las sensaciones del momento cuando recibió la noticia que cambiaría su vida para siempre. “Estaba en riesgo vital con una neumonía que me estaba matando y dije: cresta no tendré la suerte de salir de esto, me voy a morir”.

¿Cuál fue tu reacción?

“Sabía que las personas morían de esta enfermedad, más en la etapa Sida, que es la última. Me dio pena mi familia, pero estaba con una calma y paz, porque ya nada estaba en mis manos”.

La primera persona en saber, fue su padre y, él mismo tuvo que informarle a la madre que se desmayó al enterarse. Carolina no podía hablar y estaba entubada.

Tal vez la paz que señala Carolina se debía a lo que nos cuenta en off, que vió a su abuela a los pies de la cama, quien le decía “todo estará bien”.

¿Supiste de inmediato quién de transmitió el virus?

“Dentro de mi desinformación, pensé que mi prontuario era corto: sólo tres hombres en mi vida, y todos habían sido mis pololos. Desde ahí debía averiguar y contarles lo que ocurría, para que se realizaran el exámen. Uno de ellos era el pololo perfecto, ese que tus papás aman; el otro era un hombre correcto de buenos colegios y, finalmente, estaba el rockero, dije obviamente es él”.

Carolina señala que su estereotipo de persona con VIH era la promiscua que se movía en un ambiente más loco. “El rockero tenía su banda, tenía un bar y vivía la vida de forma más relajada. Pero me equivoqué y se me cayó mi prejuicio encima, cuando el que me había infectado era uno de los hombres perfectos, de buenos colegios y familia”.

Desde ese día que Carolina piensa que no es un tema de prontuario o de cuántas parejas sexuales tienes, sino de cuidado. “Yo no me cuidé, no pedí exámenes ni usé condón, confiándome que eran mis parejas estables. Cuando las personas señalan a las prostitutas como promiscuas, están muy equivocados, porque a veces son más cuidadosas. Uno no se protege del VIH con menos parejas, sino con medidas de seguridad y realizando el examen”.

El camino de vivir en sociedad con  VIH

Cuando Carolina salió de la clínica, su estado era de una persona llena de fármacos, pero podía volver a su vida con los resguardos necesarios. “Lo primero que pensé fue en mi vida sin pareja, me imaginé viviendo en comunidad, de forma muy natural. Quería tener mi huerto y conectarme con la naturaleza”.

No fue así, a los tres meses volvió a tener citas, incluso tuvo una pareja por cuatro años y, hoy se encuentra en una “relación complicada”, nos cuenta entre risas.

“Uno puede volver a tener citas y parejas. Yo cuando conozco a alguien, le cuento de inmediato y decidimos ir al médico para que le explique cuáles son los resguardos. Él elige el médico o vamos al mío, siempre debe ser un infectólogo”.

Carolina se encuentra hoy en una étapa indetectable del virus, no puede transmitirlo. Una persona logra  a los tres o cuatro meses del tratamiento la indetectabilidad del virus. Pero eso no es lo complicado de la enfermedad, sino que lidiar con una sociedad desinformada que discrimina. “No juzgo a nadie, ni las tildo de ignorantes, porque el tema es la desinformación, pero sí me tocaron personas que llenaron sus casas con cloro o estuvieron angustiadas semanas por compartir conmigo”.

Lo más complejo ha sido encontrar las oportunidades para insertarse en el mercado laboral, más aún cuando hizo pública su condición de portadora.

Hace un tiempo estaba lista para ingresar a trabajar a un buen cargo en un banco; sin embargo, su condición se filtró y la dejaron fuera. “El gerente dijo que en su banco de elite no podía haber una ejecutiva con VIH y ahí abrí mi blog y la verdad pensé que nadie me iba a leer, pero en ese momento mi vida cambió”.

Carolina sólo puede acceder a salud pública y, cuando tiene alguna enfermedad como resfrío por ejemplo o necesita un especialista, debe ceñirse a la eterna lista de espera. “Me enojo con el VIH cuando estoy en la lista eterna del servicio público para atenderme”.

Se molesta porque no puede tener acceso a otra realidad, pues le cerraron todas las puertas en la cara. Solo puede arrendar una habitación, ya que mantener un departamento no es posible.

“Hoy vivo el día a día y traspaso mi experiencia y aprendizaje, pero sé que mañana vendrá otra persona, más joven y que será un nuevo referente. Mientras, le digo a los jóvenes que se hagan los exámenes y usen el condón, así de simple”.

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