Columna: Tómate un café conmigo

enamoradas

No soy una loca de patio. Ni una freak de ideas raras. Soy consecuencia de mi historia. De los silencios que tuve de niña por miedo a ser juzgada, de los miedos que tuve de adolescente por miedo a sentirme marginada y finalmente descubro que fui yo mi propia jueza, fui yo la que me marginé.

No quiero convencer a nadie de mis ideales, de las imperiosas ganas de libertad, de romper este sistema que a muchos nos va fracturando. Tengo las manos limpias y eso me tranquiliza, tengo mirada transparente y eso me da paz. No sigo estereotipos, ni modas, ni cánones sociales que lo único que lograrían sería reprimir mi propio yo.

He viajado desde el dolor al perdón y desde la rabia a la calma. He pasado largas estaciones en la incertidumbre, las ganas y la locura. Llevo sólo una mochila cargada de tres viejas cartas, cuatro fotos, mis letras y un par de sueños. Y avanzo, consciente de los lugares a los que no quiero volver; la complacencia, la victimización, la inmovilidad.

Por eso te invito un café, para que descubras que los caos son excusas y el silencio disfraz, que si no haces lo que más miedo te da, jamás sabrás de lo que eres capaz.

Tómate un café conmigo, invitemos a tus fantasmas y a los míos, a tus sueños y a los nuestros y riamos de este presente donde aun nada encaja. Te propongo que después del café, caminemos, sin contar los pasos, sin evitar las rayas del suelo, tan sólo para que sientas lo fácil que es avanzar si yo estoy a tu derecha y tú a mi izquierda.

Tómate un café conmigo, sin prisa, sin palabras. Dejemos que las letras de nuestras miradas vayan escribiendo la historia, de hoy en hoy, de hoy en mañana, de mañana en hoy. Juguemos con el tiempo, no permitamos que nos arrastre en torbellinos de cotidianidad, de actos mecánicos, de agobiante rutina. Inventemos segundos que duren más que las horas y noches que parezcan un pestañeo.

Te invito un café y quién sabe si después hago el amor con tu incertidumbre y ella se enamore de mi certeza. Déjame contarte lo que hay bajo mis tatuajes, detrás de mi silencio, al otro lado de mis besos.

No es fácil lidiar con la propia imagen que nos hemos inventado, con la cabeza erguida constantemente, con el rendir para otros olvidando nuestras necesidades.

Ven, siéntate a mi lado. No hables. Me he sostenido tanto tiempo que estoy lista para sostenerte.

Cuando se doblen tus rodillas y no soportes el dolor de espalda, cuando el día te supere  y te niegues seguir adelante, te estaré esperando con un café….con mis manos limpias y ojos transparentes, con los fantasmas, los sueños, las ganas, la rabia. Con todo lo que me hace existir frente a tus ojos y mírate tú en los míos. No tu imagen transparente reflejada en mis pupilas, mírate desde dentro de ellos, desde la fuerza y las garras, desde el deseo y la calma.

Tómate un café conmigo. Dibuja con tu mirada mis contornos, déjame abrazarte en cada sorbo y quién sabes si luego nos tomemos de la mano y entrelacemos entre nuestros dedos el resto de los años.

Por Paloma Sanz

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