Restaurante La Colombina: romántico y elegante

Cerro Alegre, allá voy. Uff! Como cuesta llegar a la cima. Si no eres de la zona, lleva un mapa. “Preguntando se llega a Roma”, esa fue nuestra consigna; a cada persona que vimos, le preguntamos hacia donde quedaba el paseo El Yugoslavo.

“Suba hasta el final”, decía una señora; “baje seis cuadras”, me dijo el del almacén; “doble a la derecha”, dijo un caballero que pasaba; “no, tiene que bajar un par de cuadras”… Así fue el viaje hasta que decidimos dejar el auto estacionado donde se pudiera. Considerando que las calles son extremadamente estrechas, caminar fue la mejor idea que tuvimos: se disfruta el paseo, conoces lugares diferentes y haces ejercicio.

Por fin llegamos a nuestro destino: un lugar salido del álbum de mi bisabuelo. Toda la decoración era salida del baúl del recuerdo, romántico de cierto modo, elegante en su estilo, se puede decir que es una antigüedad bien mantenida que valía totalmente la pena la escalada al cerro.

Tres pisos para acoger a todo tipo de comensales: un piso destinado a cafetería, uno de bar y otro para el restaurante. Terrazas y pérgolas techadas o al aire libre, interior del restaurante calefaccionado por exquisitas salamandras en los días fríos.

La carta del restaurante no es muy extensa pero tiene cosas para explorar. Comenzamos degustando una “Trilogía del Pacifico” que consistía en ostión, camarón y pulpo, en espejo de almejas al merquén y pequeña ensalada. Sin embargo en vez del pulpo, nos trajeron calamar sin avisarnos ni preguntar.

El trío se presentaba en una pequeña tablita con tres pocillitos y en cada uno de éstos variadas salsas según el ingrediente. Estaba sabroso de todos modos, sencilla presentación pero no era específicamente lo ofrecido en carta ($7.500).

Uno de los platos de fondo fue “Filete de res en salsa de oporto, corona de camarones en guarnición de parmentier de papa salteada con callampa seca”. En español, unas papas en cubos con una salsa de callampas secas y sobre esto, un filete con unos camarones arriba. Me encanta traducir estas cosas que parecen tan lindas, pero no son más que eso.

Este plato estaba sabroso, no obstante tengo un par de alcances que hacer: el punto de la carne fue pedido sangrante y llegó atroz de recocida. Lo otro, cuando uno trabaja con callampas secas, en ocasiones, éstas vienen con tierra y aquí me sucedió así, tal vez un buen remojo y un buen lavado evitaría este traspié ($9.000).

El otro fondo escogido fue “Ragoût de chanchito a la cerveza negra con toques de miel y aroma de romero en guarnición de papas cocidas y compota de manzana”. Carne agridulce gracias a la salsa de miel y cerveza, cocción perfecta, muy blando, generosa la porción de cerdo, papas y compota. Aquí estuvo la total reivindicación del plato anterior, realmente bueno ($7.800).

Los postres fueron “Crème brûlée ” y” Espuma de limón al jengibre y menta”. El primero estaba rico, cumplía con la receta. El segundo, sin embargo, con un montaje un poco fome: dentro de un vaso de shot de tequila. Era algo extraño lo que sucedía en mi: el limón sabia a naranja, un gran misterio; la menta era imperceptible y el jengibre venia picado a cuchillo a modo de decoración.

En conclusión, estaba rica mi espuma con sabor a naranja mezclándola con el jengibre que venía picado arriba ($3.200 y $2.700 respectivamente).

El garzón que nos toco fue un poco arisco en un comienzo, tal vez porque nos encontraría muy jóvenes o porque pensó que consumiríamos poco, pero en el transcurso del almuerzo se fue dando. Es tan importante un garzón amoroso, asequible, gentil, cortes, cálido y dispuesto.

Todos los pequeños inconvenientes son absolutamente soportables dada la belleza del entorno y su paisaje, hablo tanto del restaurante como la vista desde él.

La Colombina:

Pasaje Apolo # 77 y 91, Paseo el Yugoslavo, Cerro Alegre, Valparaíso

Reservas (32) 2236254 – 3178151

Consumo promedio p/p $ 19.000

Por: Mirentxu

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