#AventuraEnTokioMA: Todos deberían ir a Japón al menos una vez

Como comenté anteriormente nunca tuve el sueño de viajar a Japón, pero encontré una promoción  imperdible, me convencí y aquí estoy, me ven en la foto?

Reconozco que hay veces que he temido morir por el calor, pero lo bueno es que -a menos que no estés caminando por un gran parque bajo el sol-, los japoneses se las arreglan para sentirse frescos con infinitas técnicas. Yo, con short, polera, chala y paraguas (es como llevar las llaves de la casa) sudando a 35°C y una humedad insoportable, versus ellos, zapatos, camisas cerradas hasta el último botón y pantalón largo.

En los barrios no comerciales se ve poca gente, todo se centraliza en Ikebukuro, Shibuja, Harajuku. Acá siempre una persona es más amable que la otra, recuerdo el primer día cuando estaba con mi maleta de 23 kilos, mochila y un bolso, y una anciana nos acompañó en bicicleta hasta encontrar nuestro departamento de Airbnb, y así ha sido todo el viaje, lleno de generosidad desinteresada, amabilidad fortuita, sin importar la barrera del lenguaje.

Más de una vez quise abrazar a los japoneses, decirles que los amo, que ojalá hubiera personas así en todo el mundo, que si todos fuéramos al menos un poquito más parecidos a ellos, seguro sería un mundo mejor.

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Son ordenados, amables, respetuosos, algo tímidos, generosos, desinteresados (no hay propinas en Japón, lo sienten casi como una ofensa porque ellos hacen bien su trabajo porque así corresponde). Todo es limpio, hacen filas (sin hacer trampa) y te ayudan.

Aunque pase una tormenta sin previo aviso, siempre llevan su calzado limpio, muchas zapatillas blancas como nuevas, es que da para pensar que llevan un pañuelo húmedo en sus bolsos, o instantáneamente la lluvia hace su trabajo natural sobre ellos.

La comida rápida es realmente rápida, es imposible que pasen más de 5 minutos en traer tu pedido. Las escaleras mecánicas se detienen si no están en uso, tienen un sensor que detecta cuando pones el pie sobre ella y realizan su función. Hay baños públicos (gratuitos) en la calle del barrio más “x”, en los parques, en el metro y en todos lados.

Uno de los temas que de verdad he tomado conciencia (mientras escribo está temblando muy fuerte, lo bueno es que estamos acostumbrados já), es el del reciclaje, ver a niños muy pequeños botando la basura, separándola, hicieron que pensara que estamos a años luz del desarrollo. Es que simplemente así debería ser en todos lados. En los Supermercados te preguntan si deseas comprar bolsa plástica, porque la tienen muy clara.

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En el Metro hay un vagón sólo para mujeres en horario punta (nunca insufrible como en Santiago), y una puerta para el ingreso de discapacitados. Existen asientos preferenciales, pero entienden que cualquiera puede haber tenido un día agotador, aunque la verdad es que los ancianos son más ágil que nosotros. Hay audios de acantilados, pajaritos en cada estación, para hacer la espera más amena y sentirte en plena selva o bosque, a mí me funciona y me tele trasportó sin duda. Las máquinas para cargar tu Pasmo (BIP) o compra de tickets (no hay boleterías con personas trabajando) tienen una imagen de los años 90’s y con un servicio que ya quisiéramos. Hay más bicicletas y scooters que autos, bicicletas adecuadas para llevar a tus tres hijos cómodamente si así lo deseas.

Hay guías gratuitos a los que sólo debes pagarle el transporte o la comida. A nosotros nos contactó Kiyotoshi, un jubilado que prácticamente se dedica a darle tours a gente como nosotros, nos llevó al mercado (el mercado más grande del mundo), pudimos probar el mejor sushi, ver la ciudad desde un piso 47, entender que recién están incorporando el postre a sus rutinas alimenticias y lo mejor, es que hablaba español, entonces pudimos hacerle muchas preguntas sobre su vida y sobre la vida en Japón sin necesidad de mímicas o dibujos como en algunos casos.

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He amado su comida, sus modales, que den la plata o papeles con las dos manos, he probado cosas raras, he comprado gashapones (máquinas dispensadoras de juguetes “sorpresas” que acá son un boom) , me he trasladado desde el barrio más originario, al paseo comercial más iluminado y tecnológico, a un bosque en donde crees que se cruzará una serpiente en cualquier momento,  he mirando la ciudad desde Tokyo Tower, lavándome las manos y la boca en las fuentes con agua fresca que hay en la entrada de cada lugar religioso que hay.

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Conocí el monumento a Hachiko, probé ramen, sake, takoyaki y entre tantas cosas que te contaban, para después fumar un cigarro en los sectores para fumadores dispersos en toda la ciudad, entienden que en vez de prohibir o subir los valores es “situarlos” en distintos lugares en donde no molesten a nadie. Para terminar con los pies en la arena de la playa artificial de Obaima (mi lugar favorito).

Hay lugares que a uno le gustan más y otros menos. Algunos tienen comida rica o una persona especial que te cruzaste. Y algunos lugares simplemente te llegan al corazón.
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